Amado Señor, hasta los cielos llega tu misericordia y tu fidelidad alcanza hasta las nubes; Tú permaneces fiel aun si nosotros somos infieles. Tus promesas y gracia están ahí, al alcance de quien clame, ¡gracias, Señor!
¡Vuélvanse al Señor, todos los que han hecho a Jesús el Señor de su vida! Permitan que Él escudriñe su corazón y haga florecer el desierto. Clamamos que su corazón sea sensible, de forma que se duela con el pecado; que el pecado y la maldad no les pasen inadvertidos, pues si así sucede, estarán dando lugar a la amargura y de ahí brotará la maldad, desprecio e incredulidad hacia todo lo que tiene que ver con el Señor.
Intercedemos por quienes, habiendo hecho su confesión de fe en algún momento de la vida, se han apartado, endurecidos, justificando su distanciamiento con el trabajo, las heridas, la escasez, etc. ¡Abre sus ojos espirituales, Señor! Tú eres más que suficiente. Clamamos que caiga la venda de sus ojos y puedan ver al engañador que con saña busca destruirlos y a los que les rodean.
Líbralos de la vanidad y las palabras de iniquidad y fraude. Su entendimiento está entenebrecido y han dejado de ser cuerdos y de hacer el bien. Se envanecieron en sus razonamientos y profesando ser sabios, se hicieron necios. Meditan maldad, están en camino que no es bueno, no aborrecen el mal, porque hablan y viven de la abundancia de maldad en su corazón.
Sin embargo, no son inalcanzables para ti. En un momento puedes estremecerlos y atraerlos a ti en respuesta a la intercesión y porque los amas. Qué las fortalezas de pensamientos a partir del yo y la sabiduría humana colapsen absolutamente en su vida. Revélales que son mentiras y palabras sin sustento. ¡Lo único que permanece es la Palabra de Dios! Sólo Cristo es la Verdad, inconmovible y eterna.
Es preciosa tu misericordia; en Ti está el manantial de Vida y en Tu luz veremos la Luz. Qué hallemos la plenitud y el gozo en ti, Dios Todopoderoso. Amén.
(Sal. 36:5-9; Éx. 9:34; 2 Co. 9:8; Is. 42:7; Ro. 1:21)
Oración semana 8 al 14 de enero~
Transmisión del Mando Presidencial
A ti, Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos como el Creador de todo lo que existe. A ti, eterno Padre, te venera toda la creación. Los ángeles, los cielos y todas las potestades te honran. Los cuatro seres vivientes cantan sin cesar: “Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y el que es y el que ha de venir. Dios de los ejércitos, los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.”
Te exalta la creación y la Iglesia proclama que eres Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, defensor. Eres el Rey de la gloria, Cristo. Tú eres el Hijo único del Padre. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana y viviste y caminaste entre nosotros. Tú, tienes las llaves de la muerte y el Hades y abriste a los creyentes el Reino de los Cielos y hoy estás sentado a la derecha de Dios en la gloria del Padre. Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre. Deseamos ser moldeados a tu semejanza, Cristo. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad. Sé su pastor y exáltate eternamente.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades. Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.
Porque Jehová es nuestro juez, Él es nuestro legislador y nuestro Rey; Él mismo nos salvará. Clamamos que en nuestras autoridades repose sabiduría y ciencia para presentarse delante de los guatemaltecos y gobernarnos siendo guiados por el Espíritu Santo. Sólo cuando las autoridades buscan el rostro del Señor y lo obedecen puede prosperar la nación. Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor, creador del cielo y de la tierra. Amén.
(Ap. 4:8; Jn. 1:14; Col. 3:1; 2 Ti. 4:8; Sal. 28:9; Is. 34:22;
2 Cr. 1:8; Sal. 124:8)
Oración semanas 15 al 21 de enero~
Salmos 5 y 15
Atiende, Señor, a mis palabras; toma en cuenta mis gemidos. Escucha mis súplicas, rey mío y Dios mío, porque a ti elevo mi plegaria.
Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta. Tú no eres un Dios que se complazca en lo malo; a tu lado no tienen cabida los malvados. No hay lugar en tu presencia para los altivos, pues aborreces a los malhechores.
Tú destruyes a los mentirosos y aborreces a los tramposos y asesinos. Pero yo, por tu gran amor y gracia puedo entrar en tu casa; puedo postrarme reverente hacia tu santo templo.
Señor, por causa de mis enemigos, dirígeme en tu justicia; empareja delante de mí tu senda. En sus palabras no hay sinceridad; en su interior sólo hay corrupción. Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños.
Si a pesar de tu longanimidad y gracia ellos deciden no humillarse delante de ti y rehúsan reconocerte como su Señor, ¡condénalos, Dios! ¡Qué caigan por sus propias intrigas! ¡Recházalos por la multitud de sus crímenes, porque se han rebelado contra ti!
Pero que se alegren todos los que en ti buscan refugio; ¡qué canten siempre jubilosos! Extiende tu protección, y que en ti se regocijen todos los que aman tu Nombre. Porque tú, Señor, bendices a los justos; cual escudo los rodeas con tu buena voluntad.
¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en tu santo monte? Sólo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad; que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino; que honra al que teme al Señor; que cumple lo prometido aunque salga perjudicado; que presta dinero sin ánimo de lucro, y no acepta sobornos que afecten al inocente.
El que así actúa no caerá jamás. Amén.
Oración semanas 22 al 31 de enero~
Contra la Depresión
¡Qué extraordinario privilegio tener acceso a un Dios que oye cuando sus hijos claman y saber que Él me libra de todas mis angustias.
Puedo esperar pacientemente en Él, porque sé que Él inclina su corazón hacia mí y oye mi clamor, me saca del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso y pone mis pies sobre peña y endereza mis pasos. Pone luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová.
Mi alma está apegada a ti, Señor, tu diestra me ha sostenido. Sí, yo espero a Jehová, mi alma lo espera; en su Palabra he esperado. No se quebranta mi espíritu porque de mi boca –como resultado de la abundancia de mi corazón—fluyen palabras apacibles y la gloria del Señor ha nacido sobre mí.
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió y en su misericordia, me envía a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos y a los que están encarcelados. Yo decido proclamar el año de la buena voluntad de Jehová en mí y a mí alrededor. Mis actitudes y palabras traen consuelo a los que se duelen; tomo autoridad para proclamar gloria en lugar de tristeza, gozo en lugar de luto, alegría en lugar de angustia. Derroto al enemigo de la depresión al interceder por otros precisamente en esa área en donde yo estoy siendo transformado.
Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, resplandeció en mi corazón, ¡gloria a Dios! ¡Jesús es mi Señor y conocerlo me ha dado libertad!
Declaro que no me afano por nada, sino presento mis peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Por ello, la paz de Dios, que sobrepasa toda comprensión, guarda mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús. Yo lleno mis pensamientos de todo lo que es verdadero, lo honesto, lo justo, lo puro, lo amable, lo que es de buen nombre, si hay alguna virtud, si hay algo digno de alabanza, en eso ocupo mi mente. Amén.
(Sal. 34:17; 40:1-3; Is. 60:1-3; 2 Co. 4:6; Fil. 4:6-8) Ω